Día 6 – Poznan: la ciudad tranquila

Hoy tomo el tren para llegar hasta Poznan. Al salir del hotel de Gdansk me pilla de camino a la estación un lugar cargado de simbolismo: la oficina de correos. ¿Por qué? La respuesta es que aquí se dispararon las primeras balas de la invasión nazi y, por consiguiente, se considera como el lugar donde comenzó la II Guerra Mundial. En la plazoleta hay un monumento en memoria de los trabajadores de la oficina que resistieron como pudieron hasta que finalmente fueron asesinados 

Continúo mi camino hasta la coqueta estación de Gdansk para alcanzar una nueva etapa de mi viaje 

 Tres horas y media de trayecto dan para mucho pero al fin llego. El panorama es completamente distinto a Gdansk. A pesar de la ingente cantidad de viajeros, población y tráfico, la sensación de caos y ruido es mínima. Y esto he pensado durante todas las horas que he permanecido en esta ciudad. Mejor. 

 Tengo reservada habitación en el Puro Hotel, del que he leído buenas valoraciones, y debo decir que hacen honor a la realidad. Muy destacable que puedas controlar prácticamente todos los elementos de tu habitación con una tablet: luz, televisión, temperatura de la,habitación. Sin duda un acierto 

 Dada la ubicación lo primero que hago es caminar apenas tres minutos para llegar a la que se considera como la «Rynek» más bella de toda Polonia. A falta de conocer otras me sumo a esta opinión mayoritaria 

 En esta plaza sobresale el precioso edificio del Ayuntamiento Viejo que, como casi toda Polonia, sufrió las consecuencias de la guerra pero ha recuperado todo su esplendor 

Por dentro no es tan bonito, pero sí alberga un interesante museo sobre la historia de la ciudad. Entre las cosas que sigo sin entender de Polonia es el exceso de personal vigilante de espacios expositivos. En una sala pequeña puedes encontrar tres o cuatro juntos, hablando entre ellos con una pinta más inofensiva que un bollito de pan, pero que, en cuanto accedes a otra sala donde no hay nadie, salen corriendo detrás tuya con una cara de total desconfianza sobre tu persona, no sea que toques o robes algo. 

 Hora de almorzar. Encuentro una «lechería», que es un lugar donde se sirve comida tradicional casera polaca por precios irrisorios y no hay bebidas alcohólicas. Por ejemplo, este menú de sopa de verduras, aperitivo de pepino, filete con puré de patatas y zumo de manzana me costó 3€ al cambio 

 Cerca de la lechería está la iglesia de San Esteban, que si ya en su exterior presenta una hermosa fachada, su interior barroco es sencillamente sublime. Quizá el hecho de vivir en una ciudad tan barroca como Sevilla me orienta el gusto hacia ese estilo, pero nadie puede negar que esta es una de las más increíbles iglesias de Polonia

 El edificio anexo a San Esteban es el antiguo Colegio de los Jesuitas, del siglo XVIII. Aquí organizó Chopin algunos conciertos y, años más tarde, Napoleón Bonaparte se hospedó durante un par de semanas.

 No muy lejos, al otro lado del río, está la «Ostrow Tumsky», es decir, la Isla de la catedral, y que como su propio nombre indica, alberga la Catedral de San Pedro y San Pablo. Es otro grandísimo ejemplo del gótico polaco que ha tenido que ser recuperado tras la guerra. El resultado final es impecable. El palacio de la Archidiócesis y la iglesia de Santa María estaban ya cerrados, así que poco más se podía hacer que dar un agradable paseo por la isla.

 De vuelta al núcleo de Poznan visitó la iglesia de los franciscanos, que resultó también muy dañada por la guerra y no se terminó de recuperar hasta 1984. Las fotos que exhiben en el interior de su aspecto tras la destrucción son desesperanzadoras. Es un recurso frecuente en casi todas las iglesias, y hace meditar mucho sobre la capacidad de sobreponerse que han tenido los polacos tras la invasión alemana y la opresión soviética.

 Hora de reponer fuerzas. No tenía onocimiento de que en esta ciudad son populares las crepes, así que… ¡manos a la obra!

 Me queda algo de tiempo para volver a pasear por la Rynek. De hecho, me sobra bastante, pero como la hora de cenar es tan temprana aquí, debo amoldarme a las costumbres o me encontraré prácticamente todos los restaurantes cerrados. La mayoría echan la persiana a las 20:00. Haceos idea…

 Nada más por hoy. Mañana marcho a Breslavia (Wroclaw), ciudad con la segunda «Rynek» más grande de Polonia tras la de Cracovia. Me encantará comprobarlo.

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