Día 5 – Gdansk: el castillo de Malbork

Muy cerca de Gdansk se encuentra un pequeño pueblo donde se ubica el castillo medieval más antiguo de Europa: Malbork.  
Se trata de una fortaleza que ocupa una gran extensión ya que fue construida en varias fases a lo largo del tiempo y según bajo que gobierno estuviera la región. Su origen se debe a la Orden de los Caballeros Teutones. A pesar de la destrucción por la guerra, se ha recuperado casi en su totalidad y es Patrimonio de la Humanidad. Es llamativa la cantidad tan grande de turismo nacional que recibe.  
La visita es guiada y casi en cualquier idioma excepto castellano. Una vez dentro, todos los tópicos que puedas imaginar sobre un castillo se hacen realidad: foso, muros con puertas dobles para repeler a enemigos camuflados, ventanucos de defensa, huecos desde donde arrojar aceite caliente,… De todo.  
Sorprende ver cómo ya en el siglo XIII se inventaban ingeniosos sistemas de chimeneas que servían de calefacción para las dependencias más importantes  
El castillo contaba con una organizada cocina, panadería, «aseos» y, por supuesto, un refectorio donde almorzaban de manera idéntica a como lo hacían los monjes cartujos, dejando un puesto preferencial al Gran Maestre.

Continuamos por algunas salas expositivas sobre armas para terminar «casualmente» en la tienda de recuerdos. Para salir del castillo debes atravesar el restaurante…

El castillo se asienta a orillas de un río que puedes atravesar por una pasarela peatonal. Las vistas del castillo desde el otro lado son increíbles. Se avecina tormenta, así que decido almorzar y volver rápido al tren camino de Gdansk.  

Queda poco por ver pero muy interesante, como la iglesia de Santa Catalina, cuyas penurias son terribles, incluido el último incendio sufrido en 2006. En el interior tienes la sensación de estar recién terminada la guerra.

El antiguo molino de agua, la iglesia de San Bartolomé y su monumento a Juan Pablo II, los restaurantes de la calle Piwna,… Todo sumido en un cielo oscuro que ayuda a recrear un ambiente aún más tenebroso a la par que bello y pintoresco.  
Es hora de cenar una buena sopa de remolacha con raviolis que entona el cuerpo de maravilla. Mañana toca viaje en tren hasta la ciudad de Poznan. ¡Y con previsión del tiempo favorable! 

 

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