Día 4 – Gdansk: la ciudad del ámbar

Sigo mi ruta hacia el norte para llegar a la ciudad costera de Gdansk. Me recibe un tráfico terrible, digno de las capitales más caóticas.   El hotel es un antiguo granero junto al margen de la ría. Hay muchos más a lo largo del canal, cuyo destino también está siendo el hospedaje.

Un primer paseo por la ría deja la vista más conocida de Gdansk: la grúa de carga marítima más antigua que aún se conserva, con viviendas adyacentes que, a pesar de ser actuales, guardan armonía con la ribera.

  No es que el viaje en autobús haya sido pesado, pero el hambre acecha, y el frío un poco también, así que aprovecho los puestos callejeros para almorzar.  El paseo ribereño se considera extramuros del casco histórico, y para acceder a él aún se hace a través de las antiguas puertas. Una de ellas lleva a la calle Mariacka, conocida por estar plagada de comercios dedicados a la venta de ámbar. Dicen que es la más bonita de todas, opinión que no comparto. A continuación explicaré por qué.

  Hay piezas de todos los tamaños, calidades y precios. Si no entiendes de ámbar infórmate un poco y compara mucho. Abundan las piezas incrustadas en plata de ley que son una maravilla  

Al final de la calle encontramos la Basílica de Santa María, imponente, enorme, digna de ser catalogada como catedral. Alcanza los 82 metros de altura y, cómo no, tiene origen gótico.
Salgo a la ribera y vuelvo a entrar al casco viejo por la Puerta Verde a la que considero la calle más espectacular de todas las que llevo vistas en Polonia: Dlugi Targ.

Prácticamente todas las viviendas fueron destrozadas durante la guerra y posteriormente reconstruidas. El nivel de recuperación es impresionante. Imposible encontrar una fachada que no te guste. Todas tan coloridas y artísticamente decoradas abruman.

  A pocos pasos está la fuente de Neptuno y, junto a ella, el Ayuntamiento Viejo, otra maravilla de la arquitectura.
  Y por si esto fuera poco, a escasos metros doy a parar con la antigua cárcel real, el palacio de San Jorge,… Monumental allá donde mires.

  

El antiguo arsenal es una obra maestra del manierismo, parece más un palacio de la nobleza que un lugar donde almacenar armamento. 

 Casualmente se celebra la festividad de Santo Domingo (Sw. Dominic), y hay infinidad de puestos callejeros repartidos por casi todas las calles vendiendo de todo: comida, ropa de abrigo, helados, jabones,… Lo que quieras
    
Quiero conseguir una de las instantáneas más famosas de Gdansk, y para ello debo volver a la ría y atravesarla por un puente peatonal. Lo consigo 🙂 

 La afluencia de turistas va disminuyendo así que vuelvo al casco antiguo para subir a la torre de Santa María. Más de 400 escalones y un interior lúgubre propio de películas de miedo me separan de la cumbre, pero merece la pena, y mucho 
 Desde aquí arriba puedes observar perfectamente toda la ciudad, desde el casco viejo hasta la nueva ciudad e incluso el Mar Báltico.

Entre la ciudad y el mar se encuentran los famosos astilleros donde se originó el famoso movimiento Solidaridad (Solidarnocz), liderado por quien posteriormente fue presidente de Polonia, Lech Walesa. Hay varios monumentos repartidos por Gdansk dedicados a quienes lucharon por los derechos laborales.  

Llega la hora (polaca) de cenar, y decido pedir unos arenques que, francamente, estaban deliciosos.  

Cae la noche a la misma hora que en España, y es que durante el verano en estas latitudes se disfrutan de más horas de sol: amanece a las 4:50 y se pone el sol casi a las 21:00. Aprovecho para tomar unas fotos de Gdansk libre de turistas y bullicio y regreso al hotel, pues el frío empieza a calar (quién lo diría a finales de julio). 

 

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.