Día 3 – Torun: no todo es Copérnico

Dos horas y media en tren separan Varsovia y Torun, una ciudad que pasa desapercibida en los circuitos tradicionales pero que sin duda merece una parada por muy breve que sea.  

La estación está a unos veinte minutos del casco histórico, que afortunadamente permanece casi intacto a pesar de las penurias de la guerra y las ocupaciones.

 Mi hotel es un pequeño lugar de hospedaje con no más de 15 habitaciones y junto a la casa donde dicen que nació Nicolás Copérnico. 
  

Prácticamente todas las edificaciones son muy antiguas, encuentras fachadas bellísimas, algunas deterioradas pero conservando su encanto original. Mi primer destino es la Catedral de San Juan Bautista, de estilo gótico e inconfundible fachada de ladrillo rojizo. En el jardín, una escultura de Juan Pablo II, solitario y rodeado de flores depositadas por los feligreses. Una preciosidad.

  
A continuación llego al Ayuntamiento, epicentro de la ciudad vieja y animadísimo núcleo turístico  

Por poco más de 2€ puedes subir a la torre y conseguir las más bellas vistas de esta pequeña ciudad. Indispensable para ubicarse y conseguir unas fotos espectaculares

 El antiguo Ayuntamiento está en lo que se llama «Rynek» o antigua plaza del mercado. En una esquina se encuentra una de las más impresionantes iglesias de toda Polonia: la Catedral de Santa María. Es de libre acceso, tiene frescos en sus pilares del siglo XIV, suelo original de la época, el mausoleo de la hermana del rey Segismundo III,… Todo lo que diga es poco. 

Junto a la catedral hay otros dos lugares de interés: la Iglesia del Espíritu Santo y la oficina de correos, que fue utilizada por Napoleón durante unos días como centro de operaciones para su campaña frente a los rusos.

Atravesando la calle principal llego a la «Rynek» de la ciudad nueva y llega la hora de almorzar. Como desconozco la gastronomía del lugar dejo que me aconsejen y, desde luego, hice lo correcto. La especialidad son unos enormes champiñones rellenos de mil maneras posibles acompañados de una cerveza de miel. Sí, de miel. Es algo empalagosa, no repetiría otra en la misma comida, pero está realmente deliciosa.

  Junto a la plaza se ubica otro bello templo: la Iglesia de San Jaime, fácilmente reconocible por su torre doble y porque en su entrada te recibe una escultura del apóstol Santiago. El interior es otra maravilla del Renacimiento tardío mezclado con el gótico. Muy conocido es el crucificado sobre un «árbol de la vida», único en el mundo.

  
A pocos pasos llego hasta la iglesia de Santa Catalina, visible casi desde toda la ciudad gracias al altísimo campanario que preside su entrada. 

 Volviendo atrás me dirijo a la ribera del río Vístula para llegar a las ruinas del Castillo de los Teutones, la orden que fundó Torun. Realmente tiene poco que ver. Por su presumible importancia diría que es de obligada visita, pero no es así. 
 Siguiendo la muralla entro y salgo por las antiguas puertas de la ciudad hasta alcanzar la famosa Torre Inclinada. En este caso no es por el mismo motivo que la de Pisa, sino por un error en la construcción. Sin embargo, sus pisos sí están correctamente alineados con el suelo. 

 Tras una parada para merendar entro en una tienda a comprar «piernicki», galletas de genjibre típicas de Torun y conocidas en toda Polonia. ¡Riquísimas! 

 Toca callejear por si encuentro más ejemplos de algo que vi en el Ayuntamiento viejo y que me llamó la atención: figuras de enanitos repartidos por las antiguas murallas. Y desde luego los encuentro. 
 Mañana me desplazo en autobús hasta Gdansk. Veremos qué sorpresas me depara esta ciudad que mira al Báltico y tiene una carga histórica reciente tan importante. Os dejo una postal nocturna de Torun. Seguro que así ya tenéis ganas de conocerla   

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